Parte 2: La verdad sale a la luz

Edward levantó lentamente la mirada.
—¿Dónde conseguiste este reloj?
Oliver respondió con sinceridad.
—Era de mi abuelo.
Antes de morir le dijo a mi mamá que algún día buscáramos a un relojero llamado Edward.
El salón quedó en silencio.
Edward sintió un nudo en la garganta.
Aquel reloj había pertenecido a su padre.
Durante décadas creyó que se había perdido el día en que un incendio destruyó la antigua casa familiar.
—¿Cómo se llamaba tu abuelo?
—Samuel Brooks.
Edward cerró los ojos.
Samuel había sido el mejor amigo de su padre.
El hombre que lo ayudó a escapar del incendio y conservó el reloj durante toda una vida, esperando el momento de devolverlo.
—¿Por qué no vino él?
Oliver bajó la cabeza.
—Porque falleció hace unas semanas.
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Solo me pidió que cumpliera su última promesa.
Edward no pudo contener las lágrimas.