Parte 3: El verdadero legado

Edward abrió cuidadosamente el mecanismo del reloj.
Dentro encontró un pequeño compartimento oculto que jamás había visto.
En su interior había una diminuta fotografía.
Aparecían dos jóvenes sonriendo frente al primer taller de relojería que habían construido juntos.
Uno era su padre.
El otro, Samuel.
También había una nota doblada por el paso del tiempo.
"Si algún día este reloj vuelve a tus manos, recuerda que la amistad vale más que cualquier fortuna."
Edward abrazó a Oliver con emoción.
—Tu abuelo guardó este reloj durante más de cuarenta años solo para cumplir una promesa.
Ese mismo día decidió restaurar completamente la pieza y entregársela al niño junto con una carta donde relataba la verdadera historia de su abuelo y de su padre.
Además, creó una beca con el nombre de Samuel Brooks para formar gratuitamente a jóvenes aprendices de relojería que no pudieran pagar sus estudios.
Antes de despedirse, Oliver preguntó:
—¿Entonces este reloj vale mucho dinero?
Edward sonrió mientras cerraba con cuidado la tapa.
—No.
Vale mucho más que eso.
Porque algunos relojes no sirven para recordar la hora.
Sirven para recordar a las personas que jamás rompieron su palabra.
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Y desde aquel día, el viejo reloj de bolsillo dejó de ser una antigüedad olvidada.
Se convirtió en el símbolo de una amistad capaz de vencer incluso al paso del tiempo.