Parte 2: La verdadera razón

Después de unos minutos, Margaret abrió un pequeño estuche de cuero que había permanecido sobre la mesa.
Dentro había unas antiguas llaves de plata.
Las colocó lentamente frente a Isabella.
—Quiero que las aceptes.
La joven frunció el ceño.
—No entiendo.
—Son las llaves simbólicas de esta empresa.
Isabella creyó que era una broma.
—Señora... apenas nos conocemos.
Margaret asintió.
—Eso es lo que todos creen.
La joven quedó inmóvil.
La empresaria sacó una vieja fotografía.
En ella aparecía un hombre abrazando a una niña pequeña.
—¿Reconoces a este hombre?
Isabella sintió un vuelco en el corazón.
Era su padre.
—¿Cómo tiene esa fotografía?
Margaret respiró profundamente.
—Hace treinta años trabajábamos juntos. Cuando la empresa estaba al borde de la quiebra, fue él quien renunció a todo para salvarla... mientras yo recibía todo el reconocimiento.
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Isabella permanecía sin palabras.
—Nunca pude devolverle lo que hizo por mí.